La gastronomía de San Ildefonso Tultepec está profundamente ligada a la cultura otomí (ñöñho) y a tradiciones ancestrales que se transmiten de generación en generación. Uno de los platillos más representativos es el mole, preparado con chiles secos, especias, semillas y chocolate, cocinado lentamente en cazuelas de barro. Es típico de las celebraciones patronales, especialmente durante enero, donde se acompaña con arroz rojo y tortillas recién hechas. Bebidas como el pulque y la cerveza artesanal complementan estos banquetes comunitarios, simbolizando hospitalidad y tradición.
El pulque es una bebida ancestral fermentada a partir del aguamiel del maguey. Su elaboración es considerada un arte en la comunidad, donde se respeta un proceso tradicional que incluye la recolección diaria del aguamiel y su fermentación en recipientes especiales. El pulque es símbolo de identidad y resistencia cultural, consumido en celebraciones, faenas y rituales comunitarios como un elemento de conexión con los ancestros y la naturaleza.
Platillos como la barbacoa de borrego, cocida en horno de tierra, son testimonio de técnicas prehispánicas aún vigentes. Esta preparación involucra hojas de maguey, fuego de leña y un proceso nocturno que culmina en un sabor ahumado y tierno. Se sirve con consomé, tortillas, salsa y a menudo va acompañada de carnitas y tostadas de arriero, hechas con frijol, chile y carne seca. Estas comidas se disfrutan especialmente en domingos, ferias o durante eventos familiares.
Los quelites, como la verdolaga, quintonil y romerito, son hierbas silvestres recolectadas en los alrededores de la comunidad. Forman parte de una dieta equilibrada y natural que respeta los ciclos agrícolas. Su preparación puede ser en guisos, sopas o tamales, resaltando el conocimiento botánico de los pueblos originarios y el uso sustentable de los recursos locales.
En San Ildefonso Tultepec también se preserva el uso de ingredientes locales como hongos silvestres recolectados durante la temporada de lluvias, y salsas artesanales elaboradas en molcajete con chiles secos, tomate, ajo y sal. Estas salsas no solo complementan los platillos sino que aportan un toque rústico y tradicional. El molcajete, herramienta de origen mesoamericano, se mantiene vigente en las cocinas por su capacidad de conservar sabores auténticos.